Plantó la pelota más atrás de lo normal, con parte del esférico por detrás del punto de penalti. Algo fuera de la legalidad porque según los estatutos arbitrales debe situarse justo en el centro. Pero el colegiado no indicó lo contrario y Messi lanzó la pena máxima. Hizo diana. Fuerte y alta, un tanto a la izquierda del portero del Levante. Después, repitió maniobra, también con el balón sobresaliéndose por detrás. Pero en esta ocasión pareció más una conversión de rugby y el cuero se marchó arriba al tiempo que el 10 del Barça maldecía el resultado, también su gafe con la portería del Gol Nord del Camp Nou porque allí ha fallado nueve de los 10 lanzamientos que ha ejecutado. Una flaqueza del mejor futbolista del mundo que acumula 65 penaltis y 15 fallos, un 23% de error. “¿Cambiar de lanzador? ¡Qué va! Al mejor jugador del mundo hay que apoyarle en todo”, resolvió Bartra. “Falla un penalti, pero mete dos goles y da una asistencia. De humano tiene poco”, abundó el técnico Luis Enrique.
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