En el Evangelio más antiguo, el de Marcos, Jesús es fundamentalmente un mago. Un tipo que obra prodigios, o milagros. En ese Evangelio no se encuentran sermones, como el de las Bienaventuranzas, ni entramados teológicos. Ni siquiera hay resurrección: el último párrafo es un añadido posterior. Marcos se limita a relatar la historia de un hombre misterioso que realiza cosas imposibles. La revelación de lo inefable por la vía del milagro es la base de las religiones. Luego, con el tiempo, se desarrolla la fe.
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