jeudi 8 août 2019

El cliente nunca tiene la razón

Al contrario de que lo sucede en otras grandes ligas europeas, en España se decidió hace algún tiempo que el aficionado más tradicional era, además de un cliente, un mero objeto decorativo. Me refiero, claro está, al hincha de bufanda y bocadillo, al que acude regularmente al estadio para animar a los suyos o cagarlos a improperios, que de todo hay en la viña del Señor. Tan accesorios resultan, tan ornamentales y desprovistos de función sentimental, que en algunos estadios se les sustituye ya por grandes lonas publicitarias, como sucede en Balaidos. Una grada semivacía se considera una mala imagen que nuestro fútbol debe evitar allende los mares, de ahí que los clubes damnificados por la desafección creciente se vean obligados a practicar este tipo de ingeniería cosmética bajo amenaza de importantes multas económicas: es lo que se conoce como el reglamento televisivo.

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