El Nápoles juega a la carrera, veloz en el repliegue, intenso en la presión y fulminante a la contra, siempre con la velocidad como tarjeta de presentación y bandera. Una exigencia que por poco no se le atragantó al Barcelona, poco rodado todavía en lo físico y con bastantes piezas por encajar, aún lejos de una versión dominadora y que convenza al Camp Nou. Pero en el Hard Rock Stadium de Miami le alcanzó con aceptar la partida de ida y vuelta, con el reto de imponerse en el torneo de puntería. Y se llevó el premio porque Busquets y Rakitic hicieron diana, amén de la excelente participación de Neto bajo los palos, suficiente para explicar que Cillessen, su predecesor, juega en su liga.
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