Salieron de Puerto La Cruz, en el norte de Venezuela, cruzaron Brasil y se establecieron en São Leopoldo, en el sur, para driblar la convulsión político-económica que azota su país desde hace por lo menos cinco años. Desde la pequeña ciudad brasileña partieron rumbo a Porto Alegre para ver el sábado pasado el estreno de la selección venezolana en la Copa América. “Es un orgullo poder venir al estadio a apoyar a nuestra selección”, dice el técnico de ascensores venezolano José Jaramillo, de 31 años. “No podíamos perdernos esta oportunidad”, comenta su amigo Daniel Pino, de 30. “Somos un pueblo apasionado por el fútbol”.
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