El pase a octavos de final por primera vez en la historia de la selección femenina, bien valía una excepción al estricto régimen que marca Jorge Vilda con las comidas (no está permitida ni una chocolatina). El lunes por la noche, en el Novotel de Le Havre, la celebración por haber pasado de ronda incluyó pizza, hamburguesas y arroz con leche —especialidad, esta última, de Javier Arbizu, el cocinero de la selección—. España, que hace ocho años soñaba con clasificarse para un Mundial, que hace cuatro viajó a Canadá y regresó sin pasar de la primera fase y sin haber ganado un partido, festeja ahora el crecimiento que la ha llevado hasta octavos de final. Con cuatro puntos, Estados Unidos en el horizonte, y un bagaje muy pobre de goles (tres en tres partidos). “El problema sería que no tiráramos a puerta” coincidían el lunes en la zona mixta todas las jugadoras.
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