Niki Lauda fue un piloto de película, no solo por ser el protagonista de Rush, el film del reconocido Ron Howard, sino por sus duelos milimétricos con James Hunt y Alain Prost, resueltos por un punto o medio punto; por sus carreras dramáticas, ninguna como la de Nürburgring, en la que ardió en llamas en su asiento hasta que le sacó Arturo Merzario; y también porque le hablaba al patrón con la misma dialéctica que el amo se dirigía a sus trabajadores de Maranello.
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