El caótico y pasional baloncesto griego escribe estos días uno de sus episodios más surrealistas. Olympiacos, el segundo equipo del país por número de títulos, con 88 años de historia, 12 Ligas y tres Copas de Europa en su palmarés, completó ayer una secuencia de incomparecencias que, oficialmente, le abocan al descenso a Segunda. Meses de novelón, con intrigas palaciegas, confabulaciones arbitrales, tejemanejes administrativos y un pulso delirante con el eterno rival, Panathinaikos, que han dejado al club del Pireo en el limbo, pendiente de posibles acuerdos de despacho para reconducir la situación y de la votación del próximo viernes en el que la Liga Adriática le podría dar acogida. Lo único que tiene seguro es su plaza en la Euroliga. La insólita imagen de un pollo sin cabeza en el banquillo del OAKA que dejó vacío el equipo de Blatt resultó ser el mejor resumen de la situación.
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