Niki Lauda iba a revalidar su título de campeón del mundo a bordo de su Ferrari 312 T2. Tenía solo 27 años. Aquel 1 de agosto de 1976 había llovido sobre la región de Rheinland-Pfalz y el asfalto de la pista estaba todavía mojado. Habían transcurrido dos vueltas de la carrera cuando el piloto perdió el control de su bólido y se estrelló contra el guardarraíl. Milagrosamente, salvó la vida.
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