El deporte presupone la igualdad, pero la naturaleza es injusta y la respeta poco. Eero Maentyranta ganó en 1964 tres medallas de oro en la modalidad de esquí en los Juegos Olímpicos de Innsbruck. Pero tenía una mutación genética debido a la cual gozaba de un 40% más de glóbulos rojos que el resto de los humanos, y por lo tanto, que sus rivales. Charles Wegelius, corredor británico, sufrió un accidente que le supuso que le extrajeran el bazo, lo cual generaba que su cuerpo produjera un mayor volumen de glóbulos rojos, y con ello, que tuviera un mejor rendimiento físico. ¿Qué decir decir de aquellos jugadores que han nacido con una altura superior a la media lo que les otorga una ventaja frente al resto de humanos para jugar a baloncesto? Y así podríamos seguir ofreciendo una lista casi inacabable de casos en los que la lotería genética ha favorecido a algunos atletas para que puedan rendir deportivamente por encima del resto.
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