Y Zizou dijo sí…
Sobraron las palabras porque la respuesta a todas las dudas era Zidane, el hombre sin defectos incluso con esos pantalones. Solo él resultaba unánime en uno de esos momentos divisorios en donde todo es opinable. El discurso de presentación fue titubeante, pobre, pero era la fuerza de su presencia la que tenía todas las respuestas. ¿Los jugadores necesitaban un rumbo? Zidane. ¿Los aficionados necesitaban una esperanza? Zidane ¿La estructura del club necesitaba alguien que expirara fútbol? Zidane. ¿Florentino necesitaba un paracaídas amable? Zidane. Llega avalado por tres años fantásticos y por siete meses que lo llenaron de razón y lo engrandecieron aún más. Tiene barra libre para pedir lo que quiera. En el fútbol hasta las verdades como una casa son provisionales, pero en las grandes crisis cuentan los minutos. Y en este rato Zidane era estratégico y, según los clásicos, lo estratégico no tiene precio.
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