Aunque el resultado se vislumbra más favorable para el Real Madrid, los jugadores del Barcelona se marcharon sonrientes del Camp Nou. Reinó un ambiente amigable, incluso entre futbolistas acostumbrados a duras batallas. Messi, por ejemplo, se abrazó a Sergio Ramos —el andaluz y el argentino suman 40 y 39 clásicos respectivamente— y también a Luka Modric. Como si se estuviese preparando para la vuelta en el Santiago Bernabéu, campo tan hostil como fructífero para el 10, que ha marcado allí 15 de los 26 goles que lleva frente al Madrid.
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