Sin Cavani y sin Neymar, pero con Di María, Verratti y Mbappé estelares, el PSG dio un golpe de autoridad en Old Trafford. Dos goles de ventaja y un partido de altura ganado desde la posesión. Rugía el Teatro de los sueñoscon la salida inflamada de su equipo. La presión alta y una rosca tocada y tensa de Ashley Young que cruzó todo el área aportaron el atrezo de un escenario muy británico. La grada, contagiada, por el entusiasmo de la era Solskjaer (10 victorias y un empate hasta ayer) jaleaba esas primeras embestidas de sus futbolistas. Sin Neymar y sin Cavani, lesionados, el París Saint Germain entendió que debía jugar otro partido. Más pausado, dirigido por el temple de Verratti. Los tiempos del juego fueron del mediocentro italiano. Sospechoso de difuminarse en las grandes citas, anoche reivindicó su liviana figura pase a pase. Sus toques cadenciosos apagaron el fragor inicial del United. En su renacimiento, puede que Solskjaer y sus muchachos no se hayan encontrado en el camino una estructura tan trabajada para dominar los partidos desde la posesión. A Tuchel no le ha quedado más remedio que tirar con Marquinhos de mediocentro defensivo. Central, no es un especialista, pero no se complicó con la pelota. Se la dio al más capacitado, es decir, a Verratti. Y cuando el juego se trabó desde lo físico y lo táctico, él fue un ancla firme sobre la que se apoyó el volante para imponer su fútbol dormidera.
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