Sergio García (Castellón, 1980) recordará este 2018 como un año de intensas emociones. En marzo nació su primera hija, Azalea, llamada así como el hoyo 13 de Augusta. En abril falló el corte en el Masters al que llegaba como campeón, el primero de sus cuatro patinazos en los cuatro grandes del curso, una racha inédita en una brillante carrera que se aproxima a los 20 años en la élite. A los malos resultados les acompañaron algunos comportamientos airados dentro y fuera del campo. Hasta que toda esa bola de energía negativa cambió en la pasada Ryder Cup. El castellonense no solo ganó su sexta copa con Europa, sino que se convirtió en el máximo anotador (25,5 puntos) en la historia del torneo. Del infierno al cielo.
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