Tiene el Girona en Stuani una joya, un cazatesoros que impone su ley, físico y remate en cualquier área que se precie. Un verso libre en la cocina del rival que no necesita de pases milimétricos ni de arrastres de sus compañeros, tampoco de un juego previo que descuente rivales para quedarse mano a mano con el portero. Le vale con centros al área, con balones en busca de dueño porque ya suma ocho goles en LaLiga, pichichi momentáneo hasta que Messi diga la suya. Dos atacó ante el Eibar y dos embocó. Pero en un encuentro marcado por el VAR -perfecto chisgarabís de resoluciones incomprensibles de los colegiados encargados de la tecnología-, la puntería de Stuani no fue suficiente para doblegar al Eibar, que descascarilló al rival de inicio con la presión y lo remató en los compases finales con un remate de cogote de Enrich, justo cuando el Girona le encontraba el gusto al partido.
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