Los Juegos Olímpicos de 1968, los primeros celebrados en Latinoamérica, dejaron en la capital mexicana una estela de modernidad que bien podría resumirse en la estética op art (arte óptico) de su logotipo, firmada por el diseñador estadounidense Lance Wyman (Nueva Jersey, 1937). Las hipnóticas líneas blancas y negras de la tipografía, fundidas en el mismo plano con los aros olímpicos, vistieron las celebraciones en calles, edificios, atuendos y sellos postales.
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