vendredi 12 octobre 2018

España se asoma a los prodigios

Jorge González Amo y Clifford Luyk se cruzan con Ralph Boston paseando por la Villa Olímpica de México después de la calificación de salto de longitud. “Este Beamon va a llegar a los nueve metros”, les dice el plusmarquista mundial, “pero no ahora, dentro de un año o así, cuando aprenda a saltar”. Solo 24 horas más tarde, en su primer salto en la final, Bob Beamon, que no sabe saltar y bate indistintamente con la primera pierna que alcance la tabla, sea la derecha o la izquierda, salta 8,90m. No llega a nueve metros, pero supera en 55 centímetros el récord mundial de su compatriota. Después cae sobre el estadio olímpico la tormenta del siglo, un diluvio. Solo una vez en 50 años ha podido saltar alguien más lejos, Mike Powell (8,95m en 1991).

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