Se equivocan quienes observan en Saúl Ñíguez una suerte de implante del estilo directo y vertiginoso del Atlético en el modelo de toque pausado de la selección española. Ignoran que Saúl (Elche, 23 años) es, además de un volante laborioso con una complexión física privilegiada para combinar resistencia con esfuerzos explosivos, un futbolista fino. Por naturaleza y por convicción. Seguro de que puede hacer perfectamente lo que le pide Simeone y deseoso de ponerse a la altura de los mejores exponentes del juego elaborado.
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