Los veteranos de La Roja no dejaron de sentir nostalgia de Luis Aragonés, el hombre que en 2008 fundó la dinastía más fascinante y hegemónica del fútbol de selecciones desde el Brasil de Pelé. Recordaban que el viejo entrenador los convenció de que los desmarques cosntantes, los controles precisos y los pases bien dados son las únicas herramientas que permitirían a España alcanzar dos objetivos indisolubles: respetar la naturaleza de sus jugadores y ganar títulos. La lección se difuminó con el tiempo. Como dijo uno de los internacionales que se retiraron este verano: “Todo fue a peor desde 2008”.
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