Dani Ceballos se preparaba para salir en el minuto 85, el cartel luminoso del cuarto árbitro indicó que relevaría al diez, y la llamada Grada de Animación, la clacoficial, entonó el coro que mejor sintonizó con la mayoría de abonados, que son los independientes, los que cantan y gritan lo que quieren. Entonces el estadio estático entonó a pleno pulmón el himno de la manía otoñal, mientras el pequeño genio de Zadar salía caminando por la hierba: “¡Lukita Balón de Oro! ¡Lukita Balón de Oro...!”.
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