La profundidad de la huella que dejó en la Universidad Estatal de Iowa Celia Barquín, la golfista española asesinada el lunes en un campo de golf, resulta difícil de comprender hasta que la comunidad se congrega en el campus, como sucedió la noche del miércoles, para escuchar con lágrimas en los ojos a algunas de las personas que más cerca estuvieron de ella, una detrás de otra, relatar cómo esta joven llegada de Puente San Miguel, Cantabria, a miles de kilómetros de distancia, cambio sus vidas para siempre y para bien.
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