Aitana Bonmatí (Sant Pere de Ribes, Barcelona, 20 años) estuvo en Francia el mes de agosto. Quería la Copa del Mundo, como sus compañeras de la selección sub-20. Pero tuvo que conformarse con el subcampeonato, que no es poca cosa. Y con ver la final desde la grada. Había sido expulsada en semifinales. Publicó una emotiva carta: jugaría “sin botas, pero con el alma”. Y le escribió hasta Xavi Hernández. “Me dijo que pasan muchas cosas injustas a lo largo de la carrera de un futbolista; y me dio ánimos”. Hoy ya se le ha pasado el disgusto. “Cuando lo pienso me da rabia, me duele. Era la final de un Mundial. Pero es agua pasada”, dice. Acaba de llegar de una cita con la absoluta, clasificada con honores —ocho victorias— para el Mundial de 2019 y, casi sin descanso, volverá a calzarse las botas este domingo. Es mediocentro y juega en el Barça, que empieza la Liga ante el Athletic (domingo, 12.00).
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