mercredi 4 juillet 2018

Willian, el atleta al servicio del poeta

“¡Pai!”, grita el niño, al ver la figura majestuosa del jefe. El aliento caliente del Mar Negro sube por las hondonadas cubiertas de hayas orientales y magnolios y los hijos de Thiago Silva, capitán de Brasil, corren a encontrarse con el patriarca. El ritual se repite con cada entrenamiento del equipo nacional más laureado de siempre, cada vez que los jugadores y sus familiares salen del hotel formando dos romerías paralelas hasta el campo de prácticas, situado en un valle de Sochi, donde el Cáucaso y el mar se juntan en un paisaje subtropical que los futbolistas asocian con los morros de Río.

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