Como para Inglaterra, la noche de Kieran Trippier amaneció en el cielo para terminar hundida en el infierno. Cuando el duelo aún se sacaba las legañas, Modric frenó a Dele Alli con falta en la medialuna. Entonces, desde la grada de la portería de Pickford se encendieron los móviles. Algo podía pasar. Un lateral bajito, con cara de pícaro y pegada de ángel, había cogido el balón. Los aficionados más atrevidos se animaban a comparar la bota derecha de Trippier con la de David Beckham. No les faltó razón. El lateral del Tottenham dejó inmóvil a Subasic. El gol, un premio para el Mundial del defensa. El castigo, su equipo. Inglaterra se entregó frente a la rebeldía croata. Doble pena para Trippier, que ni siquiera terminó el partido, reemplazado por una lesión en la pierda derecha. Cayó Inglaterra; también Trippier, el Beckham del pueblo.
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