Sí, es posible. No para cualquiera, desde luego, pero sí para Serena Williams, una deportista como la copa de un pino. Ganadora de 23 grandes, siete trofeos de Wimbledon, infinidad de méritos después de una infancia dificilísima en un gueto de Los Ángeles y hoy día una campeona que aspira, sin Angelique Kerber no lo remedia en la final (doble 6-3 de la alemana a Jelena Ostapenko), a levantar su octavo cetro en el All England Lawn Tennis & Croquet Club.
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