Los encargados de dirigir los equipos del Mundial de Fórmula 1 combinan varias facetas. En ocasiones, cuando alguno de sus pilotos quiere pasarse de listo en el fragor de la batalla, deben ofrecer su vertiente más impositiva. Otras veces se visten de traje para tratar de mover los hilos a favor de la estructura que representan, como el mejor de los políticos. Pero la mayor parte del tiempo, en su día a día, deben centrarse en equilibrar los egos de los empleados más ilustres de la compañía. A día de hoy se podría decir que Toto Wolff, el consejero delegado de Mercedes, tiene un máster en esta última materia después de verse obligado a lidiar los últimos seis años con Lewis Hamilton, el componente de la parrilla con el palmarés más rimbombante, el corredor que más exposición tiene, y, consecuentemente, uno de los que más ego posee. Mercedes anunció este jueves la renovación del británico por dos años, hasta finales de 2020, y un día después, cuando ya hubo cerrado el asunto que más importancia tenía, confirmó que Valtteri Bottas seguirá siendo el compañero del chico de Tewin también el curso que viene.
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