Roger Federer y la Centre Court de Wimbledon son un binomio indisociable. El uno no se entiende sin la otra y viceversa, en tanto que el suizo ha edificado su leyenda sobre el césped de la Catedral y esta ha ganado romanticismo gracias a las pasajes protagonizados por el octacampeón del torneo. Cuando Federer actúa allí, en su Broadway, el tiempo se congela y los londinenses suspiran. Suspiros que no se producirán este miércoles, porque la organización del torneo, por primera vez en tres años, decidió programar el partido del suizo contra Kevin Anderson fuera de su jardín.
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