En un duelo de grandes delanteros, la diferencia la marcó un defensor central. Ni Griezmann ni Giroud ni Mbappé, muchos menos Hazard, Lukaku y De Bruyne, el dueño del partido en San Petersburgo fue Samuel Umtiti, inmenso en las dos áreas en la primera semifinal de Rusia. Tanto se encargó de secar a un portento físico como Lukaku como de batir a un gigante como Courtois. No necesitó más la Francia de Didier Deschamps para pasar a Bélgica y colarse en su tercera final de un Mundial en los últimos 20 años (1998, 2006 y 2018).
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