“Neymar está triste, ¿qué tendrá Neymar?”, se preguntaría Rubén Darío en mi lugar. “Ha perdido la risa, ha perdido el color...”. Y, como Messi o Cristiano, también ha perdido un Mundial. En el país de los bebedores de vodka e inhaladores de amoniaco han sucedido extrañas cosas que ni el argentino Messi, ni el portugués Cristiano, ni el brasileño Neymar entienden.
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