A la hora de la victoria, en la multicultural Francia no hubo más que tres colores: el rojo, blanco y azul de la bandera que los bleus, la selección nacional, agitó al recibir la copa como nuevos campeones del mundo de fútbol. Centenares de miles de personas lo celebraron en las calles de todo el país. Solo en París, a los pies de la Torre Eiffel, casi 100.000 personas se congregaron para ver el partido y la masiva fiesta se trasladó tras el pitido final a los Campos Elíseos, en medio de fuertes medidas de seguridad. En Bondy, la banlieue (barrio periférico) de donde es originario Kylian Mbappé, uno de los anotadores de la victoria, la felicidad también era total.
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