A la una del mediodía en Londres, con una luz generosa, Kevin Anderson y John Isner comenzaron a repartirse estacazos hasta que el segundo se rindió y consideró que después de 6h 36m ya era hora de terminar con el bombardeo y cerrar una jornada maratoniana. Para entonces, el sol ya se había escondido y la noche estaba a punto de abrazar la capital inglesa. El sudafricano y el estadounidense, cada uno con un rifle en la mano, protagonizaron uno de esos partidos kilométricos que no serán recordados por su calidad, pero que encuentran cobijo en los libros por su extensión y la ristra de números que dejan. En esta ocasión: 7-6, 6-7, 6-7, 6-4 y 26-24.
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