A Perú le sobra fútbol y le falta gol. Una penalidad terrible que le hizo ver Dinamarca, equipo que anda escaso de juego pero que cuenta con dos pilares que bien valieron el primer triunfo mundialista en Rusia. Uno es el portero Schmeichel, que desde hace tiempo está decidido a hacerle sombra a su padre –se ganó un nombre y el piropo colectivo bajo los palos del Manchester United-; y el otro es Eriksen, un artista del balón que con un metro de más la lía sin remisión. Perú se esmeró en no entregarle ese espacio, siempre con una tela de araña a su alrededor. Pero se despistó en una ocasión y el genio danés dio el último pase que definió el duelo, también la victoria nórdica.
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