Con permiso del eterno Eduardo Galeano. El viaje del fútbol del placer al deber que laceraba al inolvidable escritor uruguayo tiene en Messi a un polizón angustiado por tal travesía entre Barcelona y Argentina. El Messi albiceleste es demasiado solemne. Con más amigos que futbolistas de fundamento a su alrededor. El colegueo futbolístico con Biglia, pongamos por caso, nunca será el mismo que con Xavi e Iniesta. Biglia o tantos otros de su Argentina que no serían de su exclusiva pandilla azulgrana cuando el asado dejara paso al fútbol.
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