Es el fútbol un universo en el que la superioridad del uno sobre el otro requiere de una representación empírica, ya que la mera concepción sustancial no es por sí misma suficiente para dirimir un ganador. Bélgica es frente a Panamá un gigante con múltiples brazos y piernas. Una suerte de engendro voraz y despiadado, que fue capaz de marearle hasta romper cualquier atisbo de fe, y eso que en la debutante más ilusionada de este Mundial ese combustible no parezca tener fin. Pero aunque la ilusión mueve las piernas al fútbol se juega con la cabeza y en eso, muchos de los jugadores belgas como De Bruyne, Lukaku o Mertens tienen bastante más mili hecha.
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