Llegó a Rusia con trajes y corbatas por equipaje y desde el llameante 13 de junio no se quita el chándal. Aterrizó en Krasnodar sin desvelos nocturnos y desde el fenomenal revuelo de ese 13 de junio solo duerme “un poquillo”. Pisó la periferia del Mar Negro como un intermediario diplomático entre los internacionales, el entonces técnico Julen Lopetegui y la nomenclatura directiva. Pero desde las turbulencias del 13 de junio solo tiene una incumbencia: dirigir a España en un Mundial.
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