Cuentan en la federación que una de las primeras cosas que hizo Julen Lopetegui cuando fue nombrado seleccionador de España, en 2016, fue reunirse en Oporto con Iker Casillas para decirle que le convocaría si aceptaba que el portero titular sería David de Gea. El guardameta le replicó que entonces prefería no ir convocado. Protector ininterrumpido de la portería de la selección desde el Mundial de 2002 y líder carismático del grupo que logró las dos Eurocopas y el Mundial entre 2008 y 2012, el hombre se sintió desconcertado. Nunca fue un suplente acomodaticio ni tranquilo y no hay mayor desprecio para un gran competidor que negarle la posibilidad de competir. Desde entonces, De Gea se afirma sin rival. La presión que le oprime no proviene del exterior.
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