Llovía en Bilbao, porque hace tiempo que en Bilbao llueve por obligación como un tributo al pasado que no cesa. El viernes, con motivo de la Challenge Cup, que abría las finales europeas de rugby en Bilbao, tuvo consideración con los aficionados, aunque proveniendo de Gran Bretaña e Irlanda, la lluvia no es un accidente meteorológico sino una costumbre mundana. No era primavera, porque no existe como estación (solo funcionan el invierno y la Renfe), pero simulaba una deferencia con autóctonos y viajeros para comenzar las finales europeas de rugby con buen pie.
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