El ídolo está cansado, o lo parece. Lleva dos horas contando la misma película —quien dice película, dice libro— a una ristra de desconocidos que, además de preguntar por su vida y milagros, le piden autógrafos, fotos y vídeos personalizados. Él los complace, profesionalísimo, pero sin salirse una micra de lo que quiere contarles. Controlado y protegido por un adjunto que mide los tiempos de entrevista como si fuera una foto finish, responde, con la cordialidad justa, lo que le da la gana. Eso sí, mira a los ojos con los suyos de pestañas ultrarremarcadas, acorazado bajo una cazadora con un pedazo de tigre bordado en la chepa como guardándole las espaldas, que de frente ya se cuida él solito. Al final, me cuenta la misma película —libro— que al resto de colegas, aunque una sospecha que, sin tanta prisa y tanto asistente, hubiera cantado otro gallo.
source Portada de Deportes | EL PAÍS https://ift.tt/2JLD1oD
Aucun commentaire:
Enregistrer un commentaire