samedi 14 avril 2018

A bofetadas con el árbitro por una chilena

Ramón Unzaga no llegó a saber que había inventado una jugada maestra que replicarían futbolistas geniales y millonario, como Cristiano Ronaldo ante la Juve; apenas disfrutó de la fama y nunca pudo vivir del fútbol. Es más, al principio, como les ocurre a veces a los audaces, sufrió el escepticismo y la incomprensión. Algunos árbitros, desconcertados, no entendían qué significaba aquella pirueta, posteriormente conocida como chilena. En una ocasión, uno de ellos le pitó falta al hacerla por considerar que era juego peligroso. El propio Unzaga resumió así al periódico El sur de Concepción lo que ocurrió a continuación: “Me vi obligado a observarle su error, alegando que reconocidos jueces no me la habían penado. Siguió después un cambio de palabras que trajo por resultado la orden del señor Beitía para que abandonara la cancha. Me negué a salir y afuera de ella tuve con él un cambio de bofetadas”. Era 1918 y Unzaga, que había nacido 24 años antes en Deusto (Bilbao), tenía muy mal genio.

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