Todo está servido para los Juegos Olímpicos más politizados desde la guerra fría. Corea del Norte, la gran protagonista tras aceptar contra todo pronóstico participar en el evento que organiza Corea del Sur, afirma que no quiere convertir la competición en una tribuna política. Pero este jueves, a 24 horas de la ceremonia inauguración en el condado de Pyeongchang, enviaba un doble mensaje: en su capital, celebraba un desfile para exhibir sus misiles intercontinentales, en una advertencia sobre la fragilidad del incipiente deshielo entre los dos países. En el sur, en cambio, la delegación norcoreana participaba en gestos de hermandad.
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