En Chamartín no se tramitó un simple partido. En el primer tiempo fue mucho más: un simposio de fútbol del mejor Real Madrid del curso. No hubo segundo tiempo. Lo mismo dio que llegara la tregua. El primer acto local ya había valido doble. Un periodo en el que los blancos dieron un repaso colosal a un Sevilla moroso que se desplegó como un equipo de monaguillos. Todos merecieron ser recusados. Lo mismo que no hubo madridista con tacha. Desde Achraf a Cristiano, un Madrid tan redondo que nadie memorizó las bajas en el andamiaje defensivo. Ausentes Carvajal, Sergio Ramos, Varane y Casemiro, Vallejo y Nacho mitigaron con creces el posible cráter en la zaga. Dos centrales tan sobresalientes como el resto de camaradas. Una sobremesa radiante para homenajear a ese CR de oro como más le gusta, con una sobredosis de goles. El Sevilla, tan chato como acostumbra en La Castellana, donde no gana desde hace justo nueve años. Desde entonces, de derrota en derrota. Lo llaman mal de altura.
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