Allá por donde va, a Alexander Zverev (Hamburgo, 20 años) le resulta muy complicado pasar desapercibido. Su figura zancuda (1,98), la melena rubia y sus interminables extremidades sobresalen entre la multitud y le conceden un aire diferencial. Ocurre estos días en Londres, donde el jugador alemán, el tenista al que se le señala como heredero natural de los Federer, Nadal y compañía, también exhibe unos andares altivos y una actitud arrogante en ocasiones. “He contestado a esa pregunta muchas veces”, respondía hace un par de días, después de batir a Marin Cilic en su estreno en el Masters, a un periodista que le preguntaba por su vínculo con Juan Carlos Ferrero.
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