Todavía estaba recuperándose de las emociones vividas en la pista y en el podio cuando a Marc Márquez le preguntaron, durante la conferencia de prensa del pasado domingo, recién proclamado campeón del mundo, qué característica de la Desmosedici GP17 contra la que había competido esta temporada querría para su moto. ¿El motor, quizá? “El motor es seguramente uno de los puntos fuertes de esa moto, pero yo confío en que Honda pueda hacer un motor mejor que el de Ducati”, respondió. Un mensaje nada inocente. Él fue quien insistió para que la casa japonesa cambiara la filosofía de motor y, este curso, por fin, le escucharon. Honda abandonó definitivamente en 2017 la idea de competir con motores de tipo screamer (con mucha velocidad punta, más bruscos en aceleración) y optó por volver al big bang (como ya habían hecho antes las otras fábricas, más dulce en la entrega de potencia, más manejable). Ahora Márquez pide mejoras para que el trabajo no se quede a mitad de camino.
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