Sabe Roger Federer que el tenis, hoy día, no admite escapatoria. Cada detalle cuenta. Por eso, el suizo amaneció este miércoles temprano, a pesar de que el día anterior había logrado el pase a las semifinales de la Copa de Maestros y abandonado el O2 cerca de la medianoche. A sus 36 años, el ganador de 19 grandes continúa preparándose como un profesional modélico y a las nueve de la mañana se reunió con su técnico, Ivan Ljubicic, para analizar su juego, cada día que pasa más perfecto, más pulcro, más exuberante. La noche previa había frenado al efervescente Alexander Zverev y firmado una victoria (7-6, 5-7 y 6-1) que se tradujo en un nuevo honor, el enésimo en su caso.
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