Si hubiese habido una apuesta de por medio, Pablo Carreño hubiera perdido las libras porque su técnico, Samuel López, le retó ayer en Londres a que tumbara con sus golpes de revés todos los conos en un tramo del entrenamiento. Tiró dos de tres. Agua. Sin embargo, al asturiano se le veía risueño y sumamente feliz, porque la desazón relativa de haberse quedado a las puertas de disputar el Masters desapareció cuando se enteró de que Rafael Nadal daba el paso a un lado y él, en su condición de primer suplente del torneo, se abría camino entre los maestros como el 15º español que lo consigue.
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