Le esperaban frente a la grada en la que se sitúan los socios de su club de fans. Sus amigos le regalaron un dado enorme. Rojo, claro. Cuando lo tiró salió el seis. Por supuesto. Y explotó en una enorme risotada. Bailó, gritó, rió. Y celebró el título que acababa de ganar. Al partir hacia el corralito, donde aguardaba su equipo, le dieron la bandera, junto a todo el paquete de celebración del campeonato. No llevaba el '93', su número, como dijo el jueves, sino un '1' enorme, la cifra de los campeones. Hace cuatro años que el piloto de Cervera (Lleida) no pasea una bandera española por los circuitos. Tampoco ha llevado nunca una senyera.
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