En 1966, dos de los más grandes rivales de todos los tiempos, Mike Hailwood y Giacomo Agostini, llegaron emparejados a la última carrera de la temporada. Se celebraba en Monza. Los dos pilotos pelearon por el liderato desde los primeros instantes de la prueba. Hasta que el motor de la Honda del británico falló y aquello permitió al italiano lograr, en casa, el primer título mundial de 500cc de los ocho que conseguiría. Así, con un campeonato ganado en la última cita del curso, empezó a hacer historia el piloto más laureado del motociclismo, 15 títulos en total. No fue aquella la primera vez que la corona se decidía en la última carrera. Ni sería la última (ha ocurrido en 17 ocasiones desde que el campeonato empezó en 1949). Tampoco fue la primera ocasión en la que el drama acompañó a la competición.
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