Estadio Ernest Hapel de Viena. Cuartos de final de la Eurocopa de 2008. Minuto 119. Rustu sale a una pelota a la que no va a llegar. Modric sí lo consigue, la pone al punto de penalti y Klasnic hace el Croacia, 1 - Turquía, 0. Slaven Bilic, el seleccionador balcánico, enloquece, corre hacia la piña de jugadores, celebra. Se ve en semifinales. La siguiente jugada sería la última. Con Croacia de parranda, Senturk la clava en la escuadra. Penaltis. Turquía elimina a Croacia. Bilic confesaría a Vicente del Bosque, años después, su admiración por el hombre tranquilo que tenía delante. El tipo que cuando Iniesta puso el Mundial en la mano, sin cambiar el rictus, apretó los puños como si fuera un gol más, para pensar en cómo cerrar el partido. La euforia perdió a Bilic.
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