La primera semifinal de la Copa Libertadores fue en casa de River y para River. El Estadio Monumental, recientemente denostado por la AFA, que decidió mudar a la selección a La Bombonera, la cancha del enemigo, fue un gran campo verde, pero de ajedrez. Una vez más se vieron las caras Marcelo Gallardo y Jorge Almirón, para muchos, los mejores entrenadores del fútbol argentino. Cinco minutos de fuegos artificiales, tirantes en todas las bandejas y un mosaico a la europea vistieron al edificio que el año que viene cumple 80 años de historia. Una historia que el local finalmente le tiró encima a Lanús para llevarse la victoria.
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