La noche comenzó con un susto de órdago para los aficionados del Barça. Ocurrió que cuando quedaba poco más de una hora para comenzar el partido, un error informático afectó a los tornos del estadio que impidió momentáneamente el paso a los socios. “Se arreglará”, explicaban desde la comunicación del club; “es cuestión de minutos”. Pero la hinchada se temía lo peor porque en la memoria colectiva estaba la jornada anterior de Liga en casa, el 1-O frente a Las Palmas, cuando el club declaró el encuentro a puerta cerrada por la situación política de Cataluña. Pasados unos minutos, cuando Ter Stegen trotaba por el césped para calentar, se abrieron los portones. Y la marea azulgrana, ataviada con las esteladas —aunque menos visibles que otros días—, aguardó al espectáculo de la forma más civilizada.
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